Como un aleteo, el factor tiempo para Fastand

Texto extraído de Architetti.com

En el fondo, es un equívoco. Es un equívoco creer que las cosas duran mucho. Mucho en relación al tiempo que destinamos a vivirlas. Es un acto de respeto y de mutua comprensión considerar la condición perceptiva o la experiencia conductual relativamente. Es decir, darse cuenta de cómo la arquitectura en sus diversas formas espaciales y temporales, siendo por excelencia un arte (impuro, pero siempre un arte) cuatridimensional, permite compartir el ritmo, la aceleración, la estaticidad, la fuga. Como en un flujo de sonoridad aparecen las formas, los colores, los materiales, a veces mágicamente incluso las reglas y los significados (¡pero es raro, rarísimo!) porque es precisamente una de las funciones primarias de la arquitectura la que se activa: la de hacer aparecer, casi hasta materializarlo, el interrogante sobre el porqué de nuestro ser aquí y ahora, mientras querríamos vivir en otro momento y en otro lugar (que es también una categoría importante del espacio).

[…] Rosario Assunto, en 1957 en Forma e destino, nos recuerda que es precisamente una acción de confrontación la que puede crear la apariencia, la ilusión o quizás incluso la emoción concreta de un desplazamiento espacio-temporal. La arquitectura procura por su naturaleza la acción de confrontación, genera la fricción, ejerce la gravedad, impone el choque, ayuda al activador, en definitiva (incluso sin quererlo) representa la condición humana. Y lo efímero es parte integrante de este juego.
Categoría extrema del arte y, por tanto, también de la arquitectura, se opone a lo permanente y a lo duradero
, que (en realidad) poseen anacrónicamente una intrínseca y limitada capacidad de exponerse a lo eterno. Se podría admitir fácilmente que lo efímero es seguro (segurísimo), mientras que lo duraderoeterno no solo son improbables, sino imposibles.

¿Que todo sea efímero, entonces? Es un razonamiento tan insensato como creer que todo puede durar para la eternidad. Las gradaciones intermedias son bienvenidas y hacen posibles muchas aventuras técnicas y tecnológicas. Compensando las tendencias autodestructivas se crean valores absolutos matemáticamente aceptables y el lugar se puebla de materiales que comparten gradualmente el placer de un instante de vida vivida y la ambición de ser inmortales (por ejemplo, en la no biodegradabilidad y en el decaimiento milenario).

Por otro lado, es interesante centrar la atención en la analogía con la ilusión y la maravilla que lo efímero siempre ha generado. Precisamente por la evanescencia del fenómeno, es intuible que todo lo que aporta placer (y belleza) dure poco. Permanecer incesantemente sumergido en el goce estético sería equivalente (por la ley dantesca del contrapaso) a ser enviado por Minos a uno de los círculos infernales donde la inmersión es igual de indecente e insoportable.

Así pues, lo efímero permite el wayfinding en el maremágnum de lo banal y lo vulgar, contaminándose, ay, también él a veces por exceso de inutilidad. ¡Ya, porque aquí es donde se tuerce la cosa! Sobre el propósito, la función, la necesidad del rol efímero. Es raro, de hecho, que lo efímero se asocie con lo indispensable. Como en muchos perfumes, la evanescencia reina soberana. En arquitectura, todas las acciones de confrontación que activan percepciones o relaciones sinestésicas son particularmente eficaces. Son intersecciones sensoriales que pueden actuar sobre lo visual (utilizando la luz tanto natural como artificial) y sobre lo extravisual (operando sobre la superficie desmaterializadora, sobre las interacciones hápticas, más raramente olfativas y con la interferencia o, mejor aún, la puesta en valor del poder sonoro de los materiales).

Aunque los sinónimos de efímero tiendan a inducir una negatividad intrínseca (frágil, fugaz, lábil, pasajero, precario, provisorio, transitorio, vano), sigue siendo innegablemente evidente la positividad del poder de desplazamiento que, en el relato con el que se despliega la vida, y por analogía el proyecto arquitectónico, logra resaltar la comprensión de que la vida necesita ser vivida (maravillosamente).

“El instante es inhabitable como el futuro”, escribía Octavio Paz, pero dado que la mariposa no cuenta los años sino los instantes, este breve tiempo le basta.

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Ahora preguntémonos cómo esta idea del tiempo como factor decisivo para la construcción de una arquitectura efímera y de bricolaje es la primera variable a la que debemos enfrentarnos cuando empezamos a pensar en un Fastand.

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